En la Cruz del Señor se encuentra el camino del Amor y de la Verdad, un sendero que se presenta tortuoso y nada sencillo, pues es en la vida misma donde hemos de trasladar esa Cruz de Cristo y vivirla con sencillez, pero con una respuesta personal nacida de nuestra Fe y de nuestra Esperanza, siempre con un diálogo constante hacia nuestros semejantes pues ellos conforman la realidad en la que existimos.

En estos días si nuestra mirada, en algún momento, se ha dirigido al crucifijo, tal vez hayamos podido experimentar en nuestro interior y también habremos podido compartir con quienes se encuentran a nuestro lado algún deseo, alguna súplica, alguna plegaria o simplemente un suspiro o una mirada, que en muchos casos son también discursos silentes nacidos desde lo íntimo de la persona, pero que dicen más que si habláramos un magnífico discurso por muy sentido y bello que este fuera.

La mirada de amor del nazareno que se vierte sobre nosotros desde lo Alto es la respuesta nacida de un corazón lleno de misericordia y de compasión en el gesto más grande de amor para la humanidad entera. Esa es la Cruz del Señor donde se traza un puente entre Dios y los hombres, abrazando a todos sin distinción y hablándonos desde la entrega y del sacrificio de Él mismo, de unas puertas abiertas donde se verán colmados nuestros deseos, pues todos estamos llamados a esta contemplación y todos somos abrazados por Jesús en el Gólgota: los que deseamos seguirle incondicionalmente. A pesar de nuestras debilidades, si consideramos nuestra vida y su desarrollo poniéndola ante el Señor crucificado, tendremos la respuesta: «Te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso».

Percibamos este amor de Dios que se nos dona de manera gratuita y que nos ofrece una nueva forma de considerar el camino de la vida en esta bella historia de amor que Dios ha escrito en nuestras almas. Decía San Juan de la Cruz que «el alma que anda en amor ni se cansa, ni se cansa».

El madero redentor del Señor nos sugiere un camino de Verdad. Podremos preguntarnos: ¿qué es la Verdad?, así también lo preguntó Pilatos ante Jesús, pero Jesús calló ante esa pregunta. Y ¿por qué lo hizo? Porque la respuesta estaba delante de él mismo, es el hombre que tienes delante de ti, es el Señor; Él es el camino, la verdad y la vida, pero para reconocerlo hace falta tener Fe, no un corazón cerrado o unos ojos con escamas que impidan abrirnos a la realidad de Dios.

Jesús tiene sed de que todos aportemos nuestro esfuerzo. No es Jesús ni su planteamiento de vida un camino para cobardes ni miedosos, para gente dubitativa; Jesús, desde su Verdad, nos transmite valores permanentes y alcanzables que han de ser considerados en profundidad para mantener un discipulado abierto y fiel de lo que hemos experimentado por nuestra Fe, de lo que estamos llamados a vivir con esperanza y de lo que estamos llamados a presentar ante el mundo con caridad.

En todo momento hay que cumplir la voluntad de Dios, pero también hay que caminar con el mundo hacia adelante, sin posturas tendentes al anquilosamiento espiritual o moral y sin perder nunca la referencia de los principios actuales y vigentes que abundan en el programa del Evangelio y que el Señor nos dejó como herencia permanente y viva.

Ese camino así vivido en Amor y Verdad desde la lectura de la Cruz será más seguro porque si esto lo realizamos convencidos plenamente de la fuerza del Espíritu Santo que habita en nosotros y en nombre de Dios, por nuestro bien y por el bien de nuestros prójimos, nuestra respuesta ante Dios será consecuente y fiel: consecuente, pues pondremos en práctica con nombres y apellidos, con situaciones concretas esos valores que nosotros hemos experimentado en nuestra propia vida; Y fiel, pues nos daremos a los demás sin exigir nada a cambio como lo hizo Él, Jesús, desde la Cruz.

Decía Santa Rosa de Lima, mísitica terciaria dominica del s. XVII, muy venerada en Perú, símbolo de integración del pueblo peruano, pues en ella convergen todas las clases sociales:

«Mira la Cruz que tienes hoy sobre tus hombros, sea la que sea. Busca en ella la voluntad de Dios, no para atormentarte, sino para elevarte de tus debilidades y caídas. Piensa si no es la Gracia que hoy Dios ha puesto en ti».

Dale al play para escuchar la reflexión completa.

Audio: Iván Bermejo, Párroco de San Marcos, Alcalá de Henares.

2 Replies to “Meditación Día 17: Vivamos el camino de la Cruz con amor, verdad y esperanza”

  1. No soy mucho de comentar… Pero estas meditaciones y reflexiones vienen muy bien para entender y poder llevar estos días de confinamiento. Una tras otra nos hacen pensar y esta en concreto pensando en la Cruz.
    Muchas gracias D. Iván por este trabajo que ayuda a mucha gente.

  2. Entrañable y hermosa meditación… ¡que buena preparación para vivir con verdadero sentimiento y confiada esperanza la Semana Santa que nos llega…¡¡ gracias, d.Iván!!

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